Después de estos días de marchas fuera del campa, tocaba coger las mochilas y regresar.
Esta vuelta tiene algo
especial: reencontrarse con viejas glorias y monis que han pasado estos días
allí, ir recibiendo a las personas que van llegando de vuelta a esa explanada
que, después de tantos días compartidos, ya empieza a sentirse un poco como
casa. ¡¡Debe ser muy emocionante ese reencuentro, quién estuviera subido en uno
de esos árboles que rodean la explanada para verles llegar!!
Parece que por el campa están muy muy agustito esperando que a las 18h lleguen las ramas.
Las marchas han dejado cansancio, kilómetros y muuuchas anécdotas para contar. La vuelta al campa es también el momento de compartirlas: contar las historias del camino, volver a revivir todo lo que les ha pasado y ordenar los recuerdos para poder contárselos después a sus compis.
También ha sido una
oportunidad para aprender a caminar en compañía, ayudarse cuando las fuerzas
flaquean y descubrir que, cuando el camino se hace largo, siempre hay alguien
cerca con ganas de echar una mano y recordarnos lo importante que es la gente con
la que compartimos el camino.
Y una pregunta que nos
hacemos desde casa: ¿de dónde saca esta gentecita la energía y las ganas de
seguir disfrutando de los días que todavía quedan por delante, si nosotras estamos
aun arrastrando el cansancio del fin de semana?
El día aún guardaba alguna sorpresa…
Al caer la noche llegó uno
de esos momentos que se esperan con una mezcla de curiosidad, emoción y… algo
de miedo: la noche de terror.
La oscuridad, los ruidos, las historias y alguna que otra aparición hicieron que más de una personita buscara compañía para subir a las letrinas….. en compañía, hasta el miedo se lleva mucho mejor. No tenemos fotos del momento, pero sí del manto de estrellas que les acompañaron y de cómo quedó el círculo tras la noche...
Lo que pasa en Lubián en Lubián se queda....
Porque quizá esa sea una de
las mejores cosas de vivir un campa MB-68: que las experiencias se comparten.
Se comparten los kilómetros, el cansancio, las risas y también los sustos. Y al
final, lo que queda son las emociones vividas y las historias que se contarán
una y otra vez cuando este campa en Lubián termine…. ¡¡Quedan los últimos días,
a seguir acumulando experiencias!!!
Y, con esto de las experiencias que se comparten, llevamos unos días reflexionando sobre lo que supone ser moni en el MB-68. Dedicar tiempo y esfuerzo a los demás, cuidar del grupo, renunciar a parte de las vacaciones para acompañar y cuidar a otros niños y niñas… Ser moni es un acto de generosidad y compromiso, una historia de ejemplo y dedicación, y el resultado de una educación y unos valores sembrados durante años que hacen posible que todo esto suceda. Gracias por vuestra entrega, vuestro tiempo y vuestro compromiso, y por acompañar en este camino para seguir dejando huella.
Buenas cazas y largas lunas.
La Voz de la Selva 🌿







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